Trastornos del sueño infantil

El no es un proceso uniforme y depende de la adaptación al medio, de la maduración cerebral y del aprendizaje. Durante los sueños pasamos por cuatro etapas diferentes cada vez más profundas en las que el cerebro permanece tranquilo, pero el cuerpo se puede mover o cambiar de posición. El sueño No REM se divide en cuatro fases: 1 y 2 (sueño ligero); 3 y 4 (sueño profundo).  En otra etapa por separado, sueño REM, el cerebro está muy activo, pero el cuerpo parece paralizado (a excepción de los ojos). Esta es la fase en que soñamos.

Una de las teorías dominantes indica que el sueño tiene una función de reposo y de síntesis y de que el sueño es importante para asegurar y consolidar los contenidos de la memoria.

Las repercusiones de una falta de sueño satisfactorio en el niño pueden ocasionarle una disminución de la atención y aumento de la irritabilidad, a la vez que propicia tensiones y posibles errores y claudicaciones en la conducta de los padres. Además, se crea a su alrededor un estado de ansiedad en el que se teme la llegada de la hora de ir a la cama y que, indefectiblemente, revertirá luego en el niño, cerrándose así el círculo vicioso.

En el caso de los , se distinguen diferentes patrones de sueño en relación con la edad:

El sueño del recién nacido y lactante hasta el primer año de vida.

El sueño fetal no tiene relación con los ritmos circadianos ya que, por razones obvias, no se rige por los cambios de luz.

Los recién nacidos suelen dormir una tercera parte de su tiempo y se compone

de la mitad de sueño REM y No REM. Tienen más facilidad para conciliar el sueño, siendo su mayor actividad la de despertarse sólo para realizar funciones vitales o estimulados por ruidos o sensaciones externas.

Al final del primer trimestre de vida del lactante se estructura el sueño que desarrollará en el futuro: frecuencia respiratoria, breves movimientos corporales o sacudidas, así como movimientos oculares que no coinciden con el corporal. La primera sonrisa aparece en este periodo.

A partir de los seis meses se empiezan a diferenciar claramente las fases de sueño lento o no REM.

Los cambios a partir del primer año ya van siendo más graduales hasta llegar a establecerse el sueño nocturno de aproximadamente unas diez horas y dos episodios de siestas, realizadas a media mañana y después de las comidas, lo cual se va sucediendo conservando este mismo ritmo hasta los seis años.

Causas de posibles trastornos del sueño

Los trastornos del sueño, junto con los alimentarios, son los más consultados entre los niños hasta los 2 años de edad:

Son muchas y variadas las causas que pueden influir en un trastorno del sueño de un niño. Principalmente, se pueden destacar estos problemas:

Entorno (familiares o escolares, lugares extraños, falta de atención)

Ambientales (ruidos, claridad, poco espacio en la vivienda, temperatura del dormitorio, situación de la cama)

Biológicos (hereditarios, etapas del desarrollo e, incluso, embarazos o partos difíciles de la madre).

Emocionales (estrés, miedo, hiperactividad, pensamientos o vivencias excitantes).

Enfermedades físicas (simples catarros, estados febriles, factores típicos del

desarrollo, respiración nasal obstaculizada por amígdalas u otros estrechamientos).

Tratamiento

Suelen ser beneficiosos la conversación tranquilizante con los padres antes de dormir, eliminación de condiciones ambientales que contribuyan a alterar el sueño, crear un ritual para acostarse que el niño espere y que le ayude a ir a la cama con agrado.

Los medicamentos, en casos ya más severos, deben ser prescritos siempre por pediatras como un recurso eficaz pero a corto plazo. La psicoterapia no siempre es necesaria ya que los trastornos del sueño en un niño no suele estar relacionada con una enfermedad psíquica, aunque la aplicación de algunas técnicas de relajación pueden ayudar a eliminar el trastorno.

¿Qué se debe evitar?

Cenas abundantes justo antes de ir a la cama.

Abrigarle en exceso.

Perder la paciencia si el niño no consigue dormirse enseguida o dilatar demasiado la estancia en su habitación.

Nunca debe convertirse la cama de los padres en un premio en caso de que el niño se despierte por la noche.

Consejos

Efectuar algunos rituales que resulten agradables: dejar que el niño se duerma con algún muñeco a modo de protección.

Procurar establecer y cumplir unos horarios regulares, tanto al acostarlo como al levantarlo.

No apresurar al niño a que duerma y pasar junto a él un ratito tranquilo antes y después de meterlo en la cama. Considérese la posibilidad de leerle, cantarle, etc.

Procurar un ambiente agradable y cómodo y de que sus necesidades físicas están cubiertas.

Atender a sus miedos sin considerarlos triviales. También se puede dejar la puerta entornada o una pequeña luz encendida con las debidas precauciones.

Si empieza a llorar, es mejor dejarle unos minutos. Si no cesa su llanto atenderle con calma pero sin cogerle.

Imagen: aidanmorgan

 

 

 

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