¿Por qué somos víctimas de nuestros problemas?

Por supuesto, es imposible escapar de los ya que aparecen de forma natural a lo largo de nuestra vida, pero antes de averiguar cómo llegar a sentirnos menos afectados por las que se nos presentan, quizá deberíamos conocer el por qué nos convertimos en sus víctimas. 

En la mayoría de los casos, interesa saber cómo vamos a interactuar con las personas involucradas o de quienes dependas y, para ello, lo primero a tener en cuenta es considerar riesgos y cómo nos pueden llegar a perturbar. Cuantos más riesgos, mayores serán las probabilidades de tener que afrontar las dificultades que puedan derivarse.

¿Te has preguntado alguna vez por qué hay personas que encaran los problemas con mayor facilidad que otras? Los problemas existen y hay una razón para cada uno de ellos. Si eso es cierto, significa que la mayoría de las veces están influenciados por nosotros mismos y, por tanto, si queremos, también podemos hallar la fuerza que nos permita hacerles frente.

No se gana nada intentando escapar de los problemas

Por supuesto, aunque lo intentes el problema sigue estando ahí. Ni escapar ni adoptar tácticas que, de momento, lo “diluyan” hará que desaparezca ni garantizan una solución, al contrario, lo agravan a nivel consciente. Así pues, afrontar miedos y proporciona a corto o largo plazo una mayor resistencia y seguridad en nuestras actuaciones.

¿Cómo conseguirlo?

Antes de hacer frente a tus dificultades en la vida, debes, en primer lugar, destruir todas las creencias falsas que se han ido instalando en tu , definir el problema y ver las cosas como son. Si piensas que un problema no es importante dejarás que pasen los días sin afrontarlo lo que originará que se vaya haciendo más y más grande y en lugar de solucionar uno de pequeño deberás afrontar uno de considerables dimensiones y consecuencias.

Otra forma sería aumentando tu autoestima: El sentimiento de inseguridad procede de  patrones de pensamiento negativo. Quizá tus padres o maestros eran a menudo muy críticos contigo o tuviste una experiencia dolorosa que generó fracaso o rechazo, por lo que es posible que hayas decidido que no mereces tener éxito en tus objetivos o desarrollado el hábito simplemente de pensarlo.

Puedes seguir estos pasos:

Reconoce tus patrones de pensamiento negativo:

Pregúntate: Qué estoy pensando ahora mismo y qué expectativas tengo al respecto.

Este es el primer componente y el más importante para la resolución de problemas. Si bien la acción y la energía pueden, a menudo, ayudar a superar los desafíos, este esfuerzo puede desperdiciarse si se acomete siguiendo un actitud equivocada o fuera de lugar. El primer paso es siempre acercarse a cualquier tema de manera clara y lógica, con la “cabeza fría”.

Relájate:

Después de haber experimentado al menos un pensamiento negativo, cierra los ojos y toma de tres a diez respiraciones profundas, enfocando tu atención en el aire que entra y sale de tus pulmones. Esto te ayudará a relajarte y despejar tu mente de modo que serás capaz de hacer el siguiente paso con más facilidad.

Sustituye los pensamientos negativos por positivos:

No te preocupes si todo este proceso para sentirte mejor y segura se alarga un poco en el tiempo. Con la práctica te resultará cada vez más fácil obtener un pensamiento positivo y que vayan surgiendo de una forma natural.

Procura entender el problema 

Una vez debidamente enfocado, ten en cuenta los componentes de la cuestión, así como los aspectos propios y ajenos que puedan concurrir para conseguir solventarlo.

Después, inicia un planteamiento tendente a una solución. En la mayoría de los casos se trata de una simple relación de causa y efecto, una vez que sepas el resultado que deseas obtener.

Considera las medidas a tomar para lograr dicho resultado, teniendo en cuenta los parámetros planteados por el problema.

Realiza tu estrategia. 

Una vez pensados y razonados los pasos lógicos hacia el resultado deseado, llévalos a la práctica. Ten en cuenta que si necesitas cambiar alguno de ellos vistas las circunstancias, no dudes en hacerlo y reevaluar tu estrategia. Es importante que los ajustes sigan el mismo razonamiento lógico que utilizaste la primera vez. El hecho de reconsiderar nuevas perspectivas no indica en absoluto un error en su consecución.

En ocasiones, pueden ser necesarios varios intentos, pero sigue siempre estos elementos fundamentales: lógica, claridad y enfoque. 

Consejos

– Trata siempre de mantener la calma y la lógica al afrontar un problema.

– Ten en cuenta el papel que las personas involucradas en el problema puedan desempeñar.

– La actitud es la clave: Cuantos más problemas mayor será tu experiencia y rapidez en conocerlos y aplicar su solución.  

– Si empieza a sentirse agobiada o frustrada, tómate un respiro. Cada problema tiene su solución pero, en ocasiones, uno se siente tan involucrado en él que únicamente es capaz de ver el problema sin ir más allá.

– Piensa siempre en lo que puedes y no en lo que no puedes hacer y afróntalo mientras sólo sea un pequeño problema. No dejes que se haga más importante.

– ¡Sé valiente!

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