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Obsesiones: cuando la solución es el problema

Quién no ha comprobado varias veces si la puerta queda bien cerrada aún sabiendo  a ciencia cierta que la ha cerrado correctamente… pero así está uno más seguro?

Quién no ha echado una última ojeada antes de salir de una habitación… para quedar más tranquilo de no olvida nada?

Quién no realiza una serie de comportamientos en algún momento del día, siempre los mismos y con el mismo orden… y si algún día no los puede realizar en ese orden siente una cierta sensación de desasosiego?

Quién no ha tenido pensamientos aberrantes o raros (para uno mismo) y desearía que jamás se supiesen o se hiciesen realidad y que para contrarrestarlos hay que realizar una serie de comportamientos o pensar algo que tranquilice?

¿Quién no tiene alguna creencia que está tan arraigada que difícilmente puede ser convencido de lo contrario y no sabe renunciar a ella aún sabiendo que es pura superstición pero la sigue manteniendo porque de lo contrario se sentiría mal?

Posiblemente todos nos identificamos con alguno de los comportamientos mencionados. Para la mayoría de las personas son simplemente manías, costumbres, etc. más o menos confesables que no distorsionan para nada el transcurrir de la vida de cada uno.

Sin embargo para algunas personas estos comportamientos y otros muchos más pueden llegar a ser el origen del principal problema de sus vidas.

¿Qué es una obsesión?

¿Cómo se desarrolla el proceso que se inicia con una banal costumbre o manía y puede llegar a desembocar en un comportamiento obsesivo?

Para ello revisaremos los ejemplos mostrados al principio y vemos que cada uno de ellos tiene dos partes:

La primera parte enuncia un comportamiento relacionado con controlar, vigilar o comprobar, y la segunda parte plantea su utilidad, es decir, para qué sirve este pensamiento.

Para entender un poco más a que nos referimos con la expresión de utilidad de los pensamientos vamos a darles la vuelta  y entonces nos encontramos con lo siguiente:

Si no comprobamos, resulta que no quedamos totalmente seguros de que hemos cerrado la puerta o no se olvida nada.

Si se nos escapase un pensamiento aberrante o raro y llegase a hacerse realidad, es decir, si lo decimos en voz alta, creemos que quedaremos en ridículo o que seremos criticados o sentiremos que hemos faltado a nuestras creencias.

Por tanto, la utilidad de todos estos comportamientos es reducir el malestar ocasionado al no poder estar totalmente seguros de que no se nos olvida algo, de no poder controlar absolutamente nuestros pensamientos, etc.

Dicho en otras palabras el malestar por no poder reducir a cero la probabilidad del error.

Repetición obsesiva

Se ha mencionado el término probabilidad para hacer notar que nuestras decisiones, nuestros actos tenemos sólo la probabilidad, nunca la seguridad completa de lograr nuestro objetivo.

Ahora bien, ¿Y si en alguno momento, para estar más seguros, probamos con repetir varias veces esos comportamientos?

Está claro que si echamos tres ojeadas antes de partir es menos probable que olvidemos alguna cosa que si sólo echamos una ojeada.

Pero, si echar tres ojeadas nos hace estar más seguros que si sólo echamos una, ¿porqué no mirar cinco veces? ¿Y qué tal con diez?

Si aumenta el temor de que suceda lo que no deseamos, el control sobre nuestros comportamientos también debe incrementarse y ahí se inicia la espiral del control para reducir el miedo al descontrol.

A partir de ese momento es cuando el comportamiento puede llegar a perder su utilidad inicial, ya que no se llevaría a cabo para reducir la probabilidad de perder, olvidar, etc. sino simplemente para reducir el malestar generado por no realizar el ritual.

¿Cómo evitar las obsesiones?

Qué hacer, entonces, para evitar entrar en una espiral como la mencionada?

Como casi siempre la prevención es la mejor consejera.

Para ello podemos seguir varios pasos:

1. Identificar cuáles de nuestros comportamientos son susceptibles de ser o de convertirse en obsesiones. Ya se mencionado que son comportamientos relacionados con controlar, vigilar, comprobar, etc.

2. Introducir cambios. Por ejemplo, si bien realizar algunas tareas en un determinado orden facilita su ejecución al hacer la prueba de introducir cambios en ese orden puede aparecer malestar o desasosiego.

Si existen comportamientos que, una vez identificados y después de haber intentado su modificación, son resistentes al cambio, sobre todo si éste no afecta a su utilidad, existe la probabilidad que sean de tipo obsesivo. Ante esta situación es conveniente la evaluación del problema por parte de un psicólogo que pueda determinar su alcance.

En el caso más probable de que a pesar de encontrarse uno muy apegado a sus manías, costumbres, etc. puede realmente cambiarlas y lo ha comprobado directamente, pues ningún problema, a seguir con ellas, que también son necesarias y convenientes, aunque ésto ya es otra historia para otro día…

Joan M. Badia
Psicólogo Clínico
93 430 1290
ACTAD

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4 Comentarios en “Obsesiones: cuando la solución es el problema”

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  1. […] superarlo. Existen muchos trastornos de ansiedad como el Trastorno de pánico y la agorafobia o el trastorno obsesivo que necesitan de asistencia psicológica y no deberían ser confundidos con un estado puntual de […]


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