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Peso, emociones y dieta

Peso, emociones y dieta

dietasyemocionesCada año, al llegar el verano, los medios de comunicación y las empresas dedicadas al tema nos recuerdan que ya llega la época en que nuestros cuerpos ya no tendrán la ayuda de abrigos o ropas holgadas donde esconderse.

Además, la tendencia general es ver el sobrepeso como un signo de debilidad o de incapacidad para perseverar en un objetivo.

Las emociones llegan a nosotros en forma de presión, autocrítica, ansiedad incluso; un sin fin de ellas con sus repercusiones en nuestra autoestima o en hacernos sentir culpables. Nos imaginamos delante del armario mirando en perspectiva las piezas que van saliendo e intentando adivinar si ese año entrarán aquellos pantalones que nos gustan tanto o esa pieza tan fresquita que no nos gustaría tener que desechar nunca.

Nos ponemos a prueba y nos desanimamos al mismo tiempo diciéndonos: “No me costará tanto reducir unos cinco kilitos, “todavía tengo muchos días para conseguirlo”,  o el pensamiento que viene a continuación:”Nunca podré cumplir mi objetivo, los días pasan tan rápido…”

Qué os parece si revisamos un poco los trastornos emocionales que nos pueden generar los pensamientos relacionados con nuestro peso o la excesiva afición a reducirlo:

1-“En tal fecha habré perdido tantos kilos”

Error. Aunque es lícito ponernos un plazo para conseguir ciertos logros, al hacerlo nos estamos causando un trastorno emocional que puede derivar después en una presión angustiosa ante el posible fracaso.

2-“Si me adelgazo me sentiré mucho mejor”

No cabe duda. Pero el sentido del perfeccionismo no debe interferir en ningún caso con la consecución de un objetivo, ni tampoco con una dieta y el ejercicio adecuados en cada caso. Una cosa es estar más delgado, otra es conseguir la perfección.

3-“Quiero verme más delgada, ya”

Error. Si no es así y las cosas no se desarrollan con la rapidez deseada el sentimiento que generará será una impotencia que puede llevar a una alimentación pobre y peligrosa.

4-“Me siento culpable por haber comido mucho”

Estamos inmersos en una sociedad que todo lo celebramos con la alimentación: comidas y cenas de empresa, celebraciones de todo tipo, incluso las apuestas terminan en invitaciones a un restaurante… la comida más que una necesidad ha derivado ya en un placer, quizá nos viene de las penurias que tenían que pasar nuestros ancestros para llevarse algo a la boca.

De acuerdo, pero qué pasa después de una comilona. Pues que la digestión suele ser  pesada y acude a nuestra mente el clásico “por qué lo habré hecho”, “ahora me siento embutido”, “me estoy perjudicando” (mientras acuden a nuestra mente escenas de nuestro aparato digestivo colapsado y pidiendo socorro con algún producto adecuado),

Y lo peor de todo:

5-“Mañana voy a empezar una dieta”

Ahí ya estamos forzando un plazo y podemos caer en el error de acogernos a la primera dieta que nos ofrezca excelentes resultados en el menor espacio de tiempo posible. Otro error.

Las dietas fáciles no existen. Y si pensamos que en poco tiempo podremos ver grandes resultados nos rendiremos a la primera de cambio y los pensamientos: “no lo hago bien”, “no tengo la suficiente constancia”, “no tengo buena imagen, luego no me apreciarán”, etc. aparecerán en el primer peldaño de la larga escalera que conduce a la falta de autoestima.

Palabras clave: ten paciencia y si crees que debes reducir unos kilos, hazlo únicamente para sentirte más ágil y en beneficio de tu salud, nunca en detrimento de tu bienestar emocional.

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La pasta

La pasta

pastaninoExiste aún en la actualidad una idea preconcebida comúnmente aceptada por una amplia variedad de personas de que la pasta engorda: ¡craso error!, en todo caso serán los contenidos en grasas de los que se suele acompañar, ya sean carne, quesos, salsas variadas, etc…, lo que puede provocar no tan solo la subida de nuestro peso sino también y por añadidura un aumento de nuestro colesterol. Pero la pasta en sí, no solamente es un alimento muy recomendable en el conjunto de una alimentación rica y equilibrada, sino una aportación de energía indispensable para afrontar nuestro quehacer diario. Así, comer diariamente una cantidad de 100 gramos de pasta -menos de un gramo de grasa-, nos ofrece entre el 14-18% de la energía física y mental que necesita nuestro cuerpo (360 kcalorías), disminuyendo además los niveles elevados de colesterol malo en sangre y favoreciendo el funcionamiento normal de nuestro organismo.

Recomendaciones: Debemos aprender a identificar las propiedades en el envase pues existen diferencias importantes en la calidad nutricional de la pasta, sobre todo en lo concerniente a la variedad y tipo de cereal empleado en su elaboración.

Ideas de cocción:

-El uso de aceite en el agua de cocción no incide en que la pasta se pegue o no (mito extendido), y su manera de empleo dependerá siempre del gusto del consumidor. Lo que sí incidirá en este tema es la proporción de agua utilizada, aconsejándose dos medidas por una de pasta.

-Podemos combinarla con alimentos tales como vegetales, pescado, carnes magras, aceite de oliva y especias, lo que no solo aumentará sus propiedades saludables sino que incrementará su delicioso sabor.

A saber:

-La pasta mantiene sus nutrientes durante la cocción.

-El hecho de que el agua tenga un aspecto blanquecino o turbio o incluso que haga espuma es tan sólo un indicativo del menor porcentaje de proteína y mayor de almidón.

-La asimilación por parte de nuestro organismo es relativamente lenta ya que la cocción aumenta su volumen por lo que la sensación de saciedad es rápida ayudándonos a controlar la cantidad de comida que consumiremos.

-La pasta más sana es aquella elaborada con harina de trigo integral que favorece nuestro  funcionamiento gastrointestinal, ayuda a metabolizar el colesterol y los triglicéridos, y nos previene de enfermedades cardiovasculares, diabetes y cáncer de colon.

-Sus vitaminas E y B, antioxidantes celulares, mantienen joven y fuerte a nuestro corazón, arterias y venas, ayudándonos a metabolizar los carbohidratos y las grasas.

-Se pueden llegar a perder entre 3 y 5 kilos de peso comiendo durante treinta días dos raciones de pasta integral de unos sesenta gramos -peso en crudo- diarios, con un condimento de salsa a base de verduras.

Importante: Por su elevado contenido en azúcares e hidratos de carbono, las personas enfermas de diabetes debieran controlar su consumo aunque la presencia de hidratos de carbono complejos (como el almidón) favorece el paso gradual de la glucosa a sangre, manteniendo sus niveles estables. Para los celíacos, es recomendable pastas sin gluten.

Curiosidades:

-“Spaguetti” es el diminutivo plural de la palabra italiana “spago” cuyo significado es cordel.

-Cuenta la leyenda que fue Marco Polo el que introdujo la pasta en Italia tras alguno de sus viajes por el lejano Oriente, aunque quienes la introdujeron realmente en el país transalpino fueron los árabes dos siglos antes del nacimiento de este popular personaje histórico. No obstante, existen referencias a platos elaborados con pasta en la antigua Roma.

Recetas de pasta bajas calorías:

Fusili (tirabuzones) con alcaparras

Fideos con salsa de Pimientos y

Fideos con vegetales.

Tallarines con gambas

Y para darse el gusto:

Las mejores recetas de pasta.

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Cafeína ¿Me conviene?

Cafeína ¿Me conviene?

 

La cafeína se encuentra en el té, en algunas bebidas cola, el mate, en bebidas energizantes, en el maravilloso chocolate, así como en ciertos frutos secos, medicamentos y, por supuesto, en el universalmente venerado café.

Y es en el café en donde ingerimos el mayor porcentaje de cafeína. ¿Por cierto, sabías que los granos de café se utilizaban en la antigüedad como moneda y se consumían como alimento? Pero más interesante aún es reconocer que la cafeína es una droga psicoactiva con la capacidad de alterar el pensamiento y los estados de ánimo. En esta línea, se han publicado numerosos estudios acerca de la relación entre café y productividad. ¿Resultados? Para todos los gustos; algunos, como el británico de 2001, aseguran que no existe relación directa entre consumo de café y productividad, inclusive se atreven a decir que la relación es inversa. Otros estudios, en este caso americanos relacionan la ingesta de esta bebida con una leve subida en la tasa de productividad, mientras que un estudio australiano señala a la causa de baja productividad no al café en sí, sino a la cantidad de tiempo que el empleado deja su puesto de trabajo para ir a beber café. Como veis, son muchos los interesados en averiguar que tiene de bueno y de malo la cafeína, especialmente en el café.  

Si no estás segura de los efectos de la cafeína, he aquí unos cuantos ejemplos, toma nota y recuerda que el mejor baremo es tu propio cuerpo.

Pros:

  • Estimula a corto plazo el sistema nervioso central, reduce la fatiga y aumenta la capacidad de atención.
  • La cafeína puede ser un cómplice perfecto en ayudar a reducir la grasa que nos sobra, siempre que se siga una dieta apropiada !claro está! Pero asegúrate de beber la suficiente cantidad de agua para no deshidratarte.
  • Algunos estudios han demostrado que pequeñas cantidades de cafeína pueden colaborar a prevenir el cáncer debido a los antioxidantes que contiene.
  • Dilata los vasos sanguíneos, actuando sobre los sistemas cardiovascular, respiratorio y gastrointestinal.
  • La cafeína se absorbe y distribuye muy rápidamente y no se acumula en el torrente sanguíneo.
  • Puede actuar como supresor temporal del apetito.
  • Libera ácidos grasos libres del tejido adiposo.
  • El consumo moderado de cafeína no está asociado a riesgos significativos para la salud. Tres tazas de café (250 miligramos de cafeína) por día podrían ser una cantidad moderada de cafeína. Seis o más se considerarían como excesivas. Así pues, la ingesta de café (1 a 2 tazas al día) no parece ser perjudicial.

Contras:

  • A pesar de promover la liberación de ácidos grasos, también es cierto que  eleva los niveles de cortisol, una hormona responsable del almacenaje de grasa en el cuerpo.
  • No te excuses diciendo: “!Bueno… de dos a cuatro tazas de café al día no me pueden hacer daño”. Como todo en esta vida, los excesos se pagan: en este caso la ingesta excesiva de cafeína puede dejarnos inquietas, acrecentar nuestra ansiedad, impedir conciliar el sueño con rapidez, nos puede producir dolores de cabeza, acelerarnos el ritmo cardíaco, con el consiguiente malestar, etc.
  • Por favor !no tomes cafeína durante el embarazo o mientras estés amamantando a tu bebé!
  • Puede perjudicar el funcionamiento de tus riñones al aumentar el volumen de orina, lo cual puede llegar a provocar deshidratación.
  • Por otra parte y en grandes cantidades, puede ocasionar palpitaciones y problemas circulatorios.
  • Como cualquier otra adicción, el cuerpo se va acostumbrando a la cafeína y empiezas a necesitar más cantidades de cafeína para continuar alerta.
  • La cafeína entra en el torrente sanguíneo a través del estómago y del intestino delgado y puede tener un efecto estimulante al cuarto de hora de ser consumida, permaneciendo durante unas 6 horas después de ser consumida (los estudios todavía no determinan con exactitud si la ingestión de altas cantidades de cafeína aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias.
  • Las personas acostumbradas a la cafeína pueden experimentar síntomas de “abstinencia de cafeína” de 12 a 24 horas después de ingerir la última dosis. Los síntomas pasan en 24 a 48 horas. El síntoma más prominente es el dolor de cabeza. También se puede experimentar ansiedad, fatiga, mareo y depresión.
  • Dejar la cafeína en forma abrupta puede causar dolores de cabeza, somnolencia, irritabilidad y otros síntomas, por lo que se recomienda reducir gradualmente su consumo para prevenir cualquier síntoma a causa del síndrome de abstinencia.

La clave parece estar en el consumo MODERADO. Hasta aquí el artículo sobre cafeína porque con tantas reflexiones lo que ahora me apetece es una deliciosa taza de café.

 

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